Defiance

La resurrección de Janos Audron

Al regresar del Averno, Raziel observa cómo la mansión de Vorador ha sido asaltada por Moebius y sus soldados…

Raziel (vo): En mi ausencia, la zona había sido invadida por los soldados de Moebius. Confiaba en que no hubiesen encontrado la entrada a la cripta o descubierto el cuerpo de Janos. De Vorador, no había ni rastro.

Moebius: ¡Raziel! ¡El héroe conquistador! Tengo entendido que debemos felicitarte. Kain por fin está muerto.

Raziel: Supongo que esperas felicitaciones recíprocas por la muerte de Vorador. ¿O se te ha escapado?

Moebius: ¡Le tenemos! Aunque no sin un considerable precio en sangre.

Raziel: Eso le habrá complacido.

Moebius: Que se complazca cuanto quiera. Le cortaremos la cabeza y todos los vampiros de Nosgoth estarán por fin muertos.

Raziel: ¿Y ese conocimiento te complacerá a ti? Tú también te diriges a tu muerte.

Moebius: Para un auténtico sirviente del único Dios, la muerte nunca es amarga. Me iré en paz al saber que he cumplido mi parte en los planes de nuestro amo.

Kain está por fin destruido y tú has realizado la hazaña. ¿Cuál de los dos héroes crees que eres ahora? ¿El salvador de los vampiros o el otro? ¿Te has dado cuenta de que a nosotros nos daba igual quién pensábais que érais mientras que el resultado fuese el mismo?

Y ahora, Kain está muerto. De verdad, no podría agradecértelo más.

Raziel: Así que todo estaba preparado, hasta el último paso. Y Kain pensaba que yo tenía libre albedrío.

Moebius: Ah, pero lo tienes. Y ahí está el mayor triunfo de todos. El haber logrado que el único jugador que podía escoger hiciese exáctamente lo que queríamos.

¡Bien hecho, mi fiel sirviente! Y ahora, tengo una ejecución que atender.

Después de que Moebius lo haya dejado, Raziel continúa su camino hacia la cripta donde se encuentra el cuerpo sin vida de Janos Audron…

Raziel (vo): Esta reliquia había tenido un alto coste. Mi ofrenda de sangre a cambio de las respuestas que buscaba de este enigmático cadáver. Era el precio de mi libertad por la que Kain había pagado con su vida.

Raziel devuelve el corazón a Janos Audron, aunque no parece suceder nada…

Raziel (vo): ¿Había viajado desde tan lejos y pasado por tanto sólo para que terminase así?

Entonces, el pecho de Janos se cierra y éste vuelve a la vida…

Janos Audron: Aaahhh… recuerdo… Raziel, el heredero de la profecía. Viniste por la Segadora justo antes de que los Sárafan me encontrasen.

Raziel: Has estado sepultado aquí durante cinco siglos. Tus asesinos murieron hace mucho.

Janos Audron: ¡Quinientos años! ¿Y Vorador?

Raziel: También está muerto. Tu linaje ya no existe. La era de los vampiros toca a su fin.

Janos Audron: No debemos perder tiempo.

Raziel: ¡No soy quien tú crees! Y esto tampoco es un acto de benevolencia. Tengo preguntas que aparentemente sólo tú puedes responder.

Janos Audron: Raziel, hay fuerzas en este mundo que intentarán engañarte y pervertir tu destino, pero debes creer: tu llegada vaticina la salvación de la raza vampírica.

Raziel: ¿Entonces por qué crearían los vampiros un arma para consumir y aprisionar a su salvador?

Janos Audron: ¡No! Eso no puede ser.

Raziel: Mientras la espada siga existiendo soy atraido inexoráblemente hacia mi perdición. Tú fuiste el que me ligó a este destino, sólo tú puedes liberarme.

Janos Audron: Raziel, has sido engañado. Tu destino decretado por la profecía es empuñar la Segadora.

Raziel: Y eso hago, aunque no del modo que tú imaginaste.

Janos Audron: Redentor y destructor. ¿Es eso posible? Habré interpretado mal todos los signos. Parece que tu destino es más laberíntico de lo que había imaginado. Debes confiar en mí, Raziel. Puede que nos quede muy poco tiempo. Te conduciré al lugar donde se hallan tus respuestas.

Janos se teletransporta junto con Raziel a la ciudadela de los vampiros…

Raziel: ¿¡Dónde me has traído!?

Janos Audron: Estamos dentro de la antigua ciudadela de la raza vampírica, profanada y abandonada hace ya mucho. Esta fortaleza resistió siglos de guerra contra nuestro gran enemigo.

Raziel: Los hylden.

Janos Audron: Sí. Desde esta cámara contemplamos la convocación de los Pilares y el destierro de nuestros adversarios de la Tierra.

Janos dirige su mirada hacia los Pilares…

Janos Audron: Ah, esto es un mal augurio. La ligadura está en peligro. La hora de la profecía ha llegado.

Raziel: Es demasiado tarde, los Pilares ya están malditos.

Janos Audron: Mientras quede uno solo de nosotros todavía hay esperanza. Los Pilares no deben permanecer bajo custodia humana. No son competentes para servir.

Raziel: ¿Entonces por qué permitísteis que los Pilares cayeran en manos humanas?

Janos Audron: ¡Raziel, no hay tiempo!

Raziel: ¡Quiero respuestas! ¡Por mí como si el mundo se acaba ahora mismo!

Janos Audron: Está bien. Los hylden nos maldijeron en su caída afectando a nuestra raza con una predadora sed de sangre. Pero junto a esta sed llegó la auténtica venganza de nuestros enemigos: inmortalidad.

Raziel: A ti te liberaron de la Rueda del Destino.

Janos Audron: Aprisionaron nuestras almas en esta carne, expulsándonos del ciclo purificador de la muerte y resurrección.

Raziel: Y aún así transmitiste la maldición.

Janos Audron: Era un mal necesario, nuestra inmortalidad nos apartaba de la Gracia de Dios. Desvió su vista de nosotros, muchos se suicidaron incapaces de soportar la separación de nuestro dios.

Raziel: Pero no .

Janos Audron: ¿Maldición o bendición? Es el precio que pagamos por mantener a los hylden desterrados de la Tierra. Para mantener la ligadura teníamos que preservar nuestro linaje, así que pasamos el don oscuro a los sucesores humanos de nuestros guardianes caidos.

Se rebelaron rechazando la maldición y reclamando los Pilares como suyos. Y así llegamos a nuestro actual dilema: mientras la humanidad gobierne los Pilares, la ligadura se debilita. Los hylden pugnan por romper las barreras de su prisión tratando de ganar un punto de apoyo con el que regresar a este mundo.

Raziel: ¿¡Y todo esto qué tiene que ver conmigo!?

Janos Audron: Estamos en el umbral de una nueva era, Raziel, y tú eres el eje sobre el que gira nuestro destino.

Bajo esta habitación yace nuestro sancta santorum. Ah, la cámara exterior ha sido abierta, los acontecimientos ya están en marcha. Esto es la clave de los misterios que buscas resolver.

No puedo acompañarte. Debes hacer frente a esta prueba solo. Si prevaleces encontrarás tus respuestas.

Raziel: ¿Y si fallo la prueba?

Janos Audron: Entonces no volverás.

En esa cámara, Raziel encuentra al dios antiguo…

Raziel: Debí haber sabido que te encontraría aquí.

Dios antiguo: Aquí y en todas partes. Ahora y siempre. Soy la Rueda y sus circunvoluciones. Soy el círculo de la vida y la muerte.

Raziel: Y yo estoy empezando a pensar que los vampiros se suicidaron sólo para escapar de tu voz.

Dios antiguo: No pierdas mi favor con tu impertinencia, Raziel. Finalmente has cumplido tu propósito. Estoy complacido.

Raziel: ¿Entonces qué estás intentando aniquilar aquí? ¿Qué pasa conmigo que te tiene tan asustado?

Dios antiguo: Tu destino es algo trivial, Raziel. Era sólo el destino de Kain el que tenía importancia .

Raziel (vo): Mi amo parecía ansioso de extinguir el fuego purificador de la forja espiritual. Quizá la Segadora pudiera aflojar su presa.

Tras conseguir que el dios antiguo libere su control sobre la fragua, el espíritu de Ariel se aparece ante Raziel…

Ariel: Está hecho. La forja convoca al espíritu de cada guardián del Equilibrio hacia sí, para este propósito final.

Raziel: ¿Ariel? ¿Tú?

Ariel: Sí, Raziel. Aunque soy mucho más de lo que era. El velo se ha retirado de mis ojos. Mi espíritu unido a las almas de mis predecesores acude aquí ahora al bautismo de la hoja de la espada.

Para restaurar el Equilibrio ella debe ser purificada por los espíritus. Libérame, Raziel. La Segadora de Almas tiene el poder de liberarnos a todos. Para esto hemos sido llamados.

Raziel toma la mano de Ariel y purifica la Segadora…

Ariel: Lo has hecho bien, Raziel. Pero hay una prueba más que debes superar: debes unir lo que ha sido dividido. Sólo entonces el Vástago del Equilibrio estará armado con su auténtico propósito. Sólo entonces…

Raziel (vo): Ahora la hoja de la Segadora resplandecía con llamas purificadoras.

Pero lejos de sentirme iluminado, me encontré en una telaraña de mayores misterios. ¿Qué esperaba Janos que aprendiese? ¿Y qué significaba el críptico mensaje de Ariel? ¿Si la espada estaba destinada al Vástago del Equilibrio, a Kain, y ahora él estaba muerto, qué esperanza quedaba?

Tenía que encontrar a Janos y pronto. Aquellos ominosos retumbos no presagiaban nada bueno.

De vuelta a la cámara superior, Raziel observa cómo Janos mira hacia los Pilares…

Raziel: ¡Janos! ¿¡Qué es esto!?

Janos Audron: La ligadura se dehace. ¡Todo está perdido!

Raziel (vo): Habíamos llegado a aquel momento catastrófico cuando un Kain más joven afrontó su funesto dilema como guardián del Equilibrio. Al escoger su supervivencia antes que su sacrificio, condenó a los Pilares a una ruina eterna.

Janos Audron: Raziel, quizá quede una esperanza. Hay uno que será convocado. Debes buscar al Vástago del Equilibrio.

En ese momento, el joven Kain rechaza sacrificarse para restaurar el Equilibrio. Los Pilares son destruidos

Janos Audron: ¡Buen dios!

El hylden que parasitaba a Mortanius toma posesión ahora del cuerpo de Janos…

Janos Audron (Lord Hylden): Ah, Raziel. Volvemos a encontrarnos. Has cumplido tu parte de forma impecable. Qué gratificante es conseguir la libertad y la venganza de un sólo golpe.

Janos Audron: ¡No! ¡No puedes! ¡Aaaahhh…!

Janos Audron (Lord Hylden): Este es fuerte. Bien. Mi próximo movimiento requerirá un anfitrión más duradero. Los mortales son carcasas frágiles. Lo hayas querido o no nos has proporcionado el instrumento de nuestra victoria.

Raziel: Yo en tu lugar no lo celebraría tan pronto.

Janos Audron (Lord Hylden): Patética criatura. No te enteras de nada. La seducción del Círculo y la posesión de Mortanius. El asesinato de Ariel. La corrupción y el derribamiento de los Pilares. Todo fue orquestado como un preludio para este momento.

Buscábamos un anfitrión incorruptible y nos lo has proporcionado. Necesitábamos la sangre de un antiguo enemigo y nos entregaste a Janos Audron tras haber sido atraído al Corazón de la Oscuridad. Y lo mejor de todo: asesinaste al Vástago del Equilibrio para hacerte con él. Ya hemos ganado.

Janos Audron: Raziel, no debes dejarles que lleven a cabo su plan. ¡Mátame y acaba con esto ahora!

Janos Audron (Lord Hylden): Suicida como todos los demás. Asume tu lugar, Raziel. El auténtico héroe desempeña su papel y luego se echa a un lado.

Raziel impide el paso al hylden…

Janos Audron (Lord Hylden): Necrófago alienado, ¿deseas morir como un martir por la causa perdida de los vampiros?

Raziel: No vas a abandonar esta cámara. Destruiré a Janos si es necesario.

Janos Audron (Lord Hylden): Como desees. Te daré gusto.

La lucha comienza y Raziel consigue derrotar al hylden. Entonces, Janos habla a Raziel…

Janos Audron: Raziel, acaba con esto antes de que regrese.

Raziel se dispone a dar el golpe de gracia pero no encuentra fuerzas para asesinar a Janos. El hylden aprovecha la ocasión para volver a tomar el control y destruir el cuerpo de Raziel…

Janos Audron (Lord Hylden): Deberías haberle escuchado.

Raziel: ¡¡¡Aaaaaaarrgghh…!!!

Janos Audron (Lord Hylden): Ahora sí que se acabó. Y así comienza una nueva época.

El hylden se marcha y Raziel aparece de nuevo ante el dios antiguo…

Dios antiguo: ¿Lo ves? Por mucho que deambules, al final siempre vuelves a mí. Ríndete, Raziel.

Raziel ataca en vano al dios antiguo…

Raziel: ¡¡Nunca!!

Dios antiguo: Tus esfuerzos son inútiles, Raziel. Esa arma que llevas, aunque imbuida, no deja de ser una hoja espectral. No puede tocarme.

Raziel: ¡No seré tu prisionero!

Dios antiguo: No tienes elección. Tu tarea ha concluido. Kain ha sido barrido del tablero y esta cámara ha sido preparada para mis sirvientes más moldeables. No hay nada más que te quede por hacer.

Raziel: Me niego a someter mi voluntad.

Dios antiguo: ¡Siempre ha sido mi voluntad la que has satisfecho! Nunca la tuya propia.

Raziel: Eres un fraude parasitario. Te ves forzado a aprisionarme porque poseo libre albedrío.

Dios antiguo: ¡Tú no posees nada! Como no puedes morir, tu alma no puede ser devuelta a la Rueda, pero quizá te consuele permanecer aquí conmigo por toda la eternidad.

Moebius, mi buen sirviente, te llamo al lugar de nuestro primer encuentro. Vuelve a mí aquí.